¡Dale de beber de tus aguas
río mío, que se les escapan
las milenarias huellas de sus brotes!
¡No dejes que el espejo de tus suaves lomas
viva de fugaces estrellas;
aunque son bellas, son feroces!
¡Déjate nadar por todos los vivos;
por los que reptan lentos
y por los que flotan veloces!
¡Quítale los colores de la rabia
y mezcla con árbol
los verdores de tu fauna!
¡Duérmelo con la nana que sonara
si tus aguas supieran
su llegada a los brazos de la Madre!
En un abanico de naranjas fuego,
¡Miéntele, ofrécele el oro de su reflejo
a cambio de soles y volcanes!
Bailará estándose cual cuadro terminado
con lo único que él desea pedirte;
¡Dale el amor que nunca le diste!
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